martes, 16 de octubre de 2018

La dependencia

Dice el refrán que "nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos".

Sí, es cierto, pero no solo para valorar lo bueno, sino para darnos cuenta de que lo que teníamos nos ataba, nos restaba, nos hacía perdernos a nosotros mismos.

La dependencia creada por algo o por alguien hace que nos desviemos cada vez más de nuestros objetivos.

Ayer por la tarde noche me llegó el sms diciéndome que ya había agotado mi tarifa de datos móviles. Pues todo este día he estado casi incomunicado, dedicándome a estudiar. He estado al revés. Miraba una y otra vez el móvil esperando encontrar algo, algo que la mayoría de las veces no estaba porque no me llegaban más que, casi, los mensajes de Whatsapp. Pero ahí estaba yo intentando refrescar las aplicaciones esperando a que algo entrara.

Otros ratos me centraba en estudiar: leer, releer, subrayar. Se me olvidaba el móvil, pero, casi automático, volvía a él. 

Tenemos, y generalizo porque es así, una dependencia social desmesurada. Y no es una dependencia al móvil, sino a quien está detrás. Esperamos comentarios, likes, aprobaciones de la sociedad de todo cuanto hacemos y comemos (sobre todo en Instagram).

El ser humano, desde los orígenes, ha sido, es y será, un ser social por naturaleza. Procuró rodearse de la comunidad para vivir y subsistir; fue transmisor de la cultura a las generaciones posteriores.

Pero llegado a este punto, ¿este es el nivel de socialización que debemos tener? Estamos a medio metro y hablamos por las redes sociales; salimos a dar un paseo con alguien y hacemos la foto del sitio, ponemos todos los hashtags precisos, y cuando lo dejamos nos vamos para casa: no disfrutamos de quien tenemos al lado.

Es un tópico, ya casi utopía, pero ¿podremos liberarnos de esto que tanto nos ata? ¿Por qué nos interesa tanto la opinión de quien tenemos a cientos de kilómetros de distancia y no nos preocupamos de interesarnos por la opinión de quien nos "sufre" a diario, de quien tenemos más cerca?

Buscamos ampliar fronteras descuidando a quien de verdad merece la pena, o la alegría.

Volviendo al inicio de la reflexión, la dependencia creada y los estudios no parecen llevarse del todo bien: las Tecnologías de la Información y la Comunicación son esenciales actualmente como fuentes de conocimiento y conexión de la sociedad, pero también son la distracción mayor que hemos podido contemplar. Externalizamos todo el conocimiento y no labramos nuestra intelecto. 

Esto no pretende ser una cátedra sobre si es bueno o es malo, es una reflexión que espero que también haga pensar a quien lo lea, que piense y opine si lo que hacemos es lo que queremos y si es el mejor camino para la consecución de nuestros objetivos planteados para con la sociedad y con nosotros.

Somos cada vez más "independientes" y lo hemos cambiado son las "dependencias".

Buenas noches.
 

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