A veces nos obcecamos en aquello que otros esperan de nosotros, llevándonos muchas veces al fracaso.
No importa cuándo ni dónde, ni siquiera cómo estemos nosotros, siendo este el único parámetro que deberíamos contemplar: solo pensamos en que para alguien no hemos estado a la altura.
Nos mantenemos firmes en la idea de lo que otros piensan de debemos hacer, de aquello que esos otros quieren conseguir en otros cuerpos que no son los suyos, y no pensamos en que los que verdaderamente se verán beneficiados por ese cambio no son ellos.
«Me esperaba más de ti.»
Esas son las palabras que, o bien nos pueden hundir en la más profunda miseria, o que hacen que mejoremos hasta obtener la mejor versión de nosotros mismos.
Y así será: no por ti, sino por mí, aunque seas la causa de mi inspiración.
No quiero impresionarte, ni pretendo buscar tu aplauso: quiero avanzar, encontrar lo mejor de mí y cuando lo haga, me alegraría que lo vieses, porque parte de ese mérito será responsabilidad tuya.
¿Te atreves a comprobarlo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario